Si hay algo que define a la Costa Blanca, más allá de su luz inconfundible, es el sabor de su mar. El marisco en la provincia de Alicante no es solo un producto; es una religión gastronómica. Desde las profundidades de los cañones submarinos del Cabo de San Antonio hasta las aguas someras de Tabarca, Alicante ofrece una variedad de crustáceos y moluscos que compiten con los mejores del mundo.

En este artículo, exploraremos por qué el marisco alicantino es único, cuáles son las especies que sí o sí debes probar y, para terminar, te enseñaremos a preparar un plato que llevará la esencia de las lonjas alicantinas directamente a tu mesa.

¿Por qué es tan especial el marisco de Alicante?

La orografía submarina de la provincia de Alicante es privilegiada. La combinación de corrientes, la salinidad del Mediterráneo y la plataforma continental crean el hábitat perfecto para especies de sabor intenso y textura firme. No es casualidad que grandes chefs con Estrella Michelin elijan las lonjas de Dénia, Santa Pola o Villajoyosa para abastecer sus cocinas.

La «Santísima Trinidad» del Marisco Alicantino

Si visitas la provincia, estos son los tres reyes que debes buscar en la carta de cualquier restaurante de categoría:

La Gamba Roja de Dénia

Es la reina absoluta. Vive a gran profundidad (hasta 600 metros) y se alimenta de algas que no reciben luz solar, lo que le da ese color rojo intenso y un sabor yodado inigualable.

  • El secreto: Su cabeza es un manjar concentrado. No se debe cocinar demasiado; lo ideal es hervida con agua de mar o a la plancha con muy poca sal.

El Langostino de Guardamar

A diferencia de los langostinos de otras latitudes, el de Guardamar del Segura tiene una textura tersa y un sabor que equilibra lo dulce y lo salado. Su captura es artesanal y limitada, lo que lo convierte en un producto exclusivo de temporada.

La Quisquilla de Santa Pola

Pequeña pero matona. Este crustáceo es famoso por su dulzura y textura delicada.

  • Cómo reconocerla: Fíjate en sus huevas. Si son de un color azul eléctrico, estás ante una quisquilla fresca y de calidad superior. Se suele tomar hervida y fría.

Menciones Honoríficas

No podemos olvidar la Cigala de la bahía, los caixetes (un molusco bivalvo muy curioso de sabor potente) y el sepionet de la costa, ideal para hacer a la plancha «sucio» (con su tinta).

Receta: Garibaldinos

Consisten en unas deliciosas colas de gamba rebozadas y fritas (lo que en otros lugares se conoce como gambas en gabardina). El secreto de los auténticos garibaldinos de las abuelas alcoyanas reside en la extrema sencillez de su masa, conocida localmente como «gacheta».

Como curiosidad, el nombre de esta tapa proviene de la peculiar forma abombada que toma el rebozado al freírse, que recordaba a los pantalones que llevaban los soldados de Giuseppe Garibaldi durante la independencia italiana en el siglo XIX.

Aquí tienes la receta tradicional para que te queden perfectos.

Ingredientes:

  • 12-15 Gambas: Tradicionalmente en Alcoy se han llegado a usar colas de gamba roja local,pero puedes usar gamba blanca o langostino crudo de buena calidad.

    Para la «gacheta» (el rebozado):

    • Harina de trigo (aprox. 100g).
    • Agua muy fría (la cantidad que admita la masa).
    • Una pizca de sal.
    • Opcional (pero muy habitual en la zona): Una pizca de colorante alimentario amarillo para darle un tono dorado más intenso.

    Pasos

    Limpiar las gambas: Pela las gambas crudas, retirando la cabeza y la cáscara del cuerpo, pero dejando el último tramo de la cola y las aletas intactas. Esto te servirá para agarrarlas cómodamente. Retira el intestino (el hilito negro) haciendo un pequeño corte en el lomo. Sálalas ligeramente.

    Preparar la Gacheta: En un bol, pon la harina y la sal. Ve añadiendo el agua muy fría poco a poco mientras remueves con unas varillas. Buscamos una textura de crema espesa (similar a unas natillas) que sea capaz de adherirse a la gamba sin escurrirse del todo. Si usas colorante, añádelo ahora.

    Calentar el aceite: Pon a calentar abundante aceite en una sartén profunda o cazo. El aceite debe estar muy caliente para que el rebozado selle rápido, pero sin llegar a quemarse.

    Rebozar y freír: Agarra cada gamba por la cola, sumerge el cuerpo en la gacheta para que se impregne bien y escúrrela muy ligeramente. Introdúcela de inmediato en el aceite caliente con cuidado.

    El toque dorado: Fríe los garibaldinos por tandas pequeñas durante un par de minutos, hasta que el rebozado se infle un poco y coja un color dorado y una textura crujiente.

    Escurrir: Sácalos y déjalos reposar sobre papel de cocina absorbente para eliminar el exceso de aceite.

    ¡Y listos! Sírvelos inmediatamente bien calientes. Son un bocado crujiente por fuera y jugoso por dentro.

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